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La besé de mil maneras, pero en ninguna mis labios tocaron completamente los suyos, sus heridas no se lo permitían, besé sus mejías, sus manos, sus ojitos y su frente de tantas formas como se lo puedan imaginar, mientras tanto aguardaba, si, aguardaba el momento indicado para rozar suavemente sus labios en los míos. Y es que no saben cuánto hemos pasado, como niños enamorados nos dejábamos papelitos, mis manos jugaban con las suyas lentamente, nos mirábamos, sonreíamos, pero éramos sólo amigos enamorados ¿Fui cursi? ¿Fui Infantil? Qué más da, me enamoré y haría lo que fuera por conquistar a la mujer de mi vida.

Pasó el tiempo y ese día debíamos conversar, dentro del auto con la noche acobijándonos, decidimos detener el tiempo para hablar… Las palabras que debían de ser dichas, fueron dichas y fue entonces que la besé, pasé cinco meses únicamente contemplando sus labios y en esa ocasión fueron míos, nos ahogamos en un beso de tres horas en el que apenas nos alcanzaban cortos instantes para respirar, no es exageración, estábamos conociendo el sabor de nuestra pasión, así terminó ese día…

Un mes después tomé valor, ya era tiempo de hacerle mi declaración oficial, le expresé cada sentimiento que había hecho nacer, le dije cómo adoraba su aroma, cómo hacía arder mi corazón con sus miradas, su respuesta? Un balde de agua fría porque me dijo que no (Si, lo sé, nada tenía sentido a simple vista, pero lo que más cuesta es lo que más aprecias y una mujer de gran corazón no es fácil de conquistar). Era un show en el que la función parecía haber terminado y le dije: “No volveré a pedírtelo, lo que hoy te dije no lo escucharás de nuevo”, pues sinceramente no lo deseaba más, al menos no en ese momento, pasó un mes más y mientras paseábamos en un bello parque botánico me preguntó: Qué pasaría si te dijera que ya estoy lista? –No estaba preparado, pero mi corazón se fue a darle la vuelta al mundo en tres segundos, al final la espera, la paciencia, todo había valido la pena y ese día ella aceptó ser mía para toda la vida, muchas cosas han pasado, tantas aventuras por contar, tanto amor por sentir.

Admito que cuando estoy con ella no reconozco si es de día o si es de noche porque sus ojitos cafés son mi luna y su sonrisa es mi sol. Ella me conoce más que nadie, sabe incluso que cuando miento a mi labio inferior le da por temblar incluso aunque se note poco.

La conquista no es mi concepto machista, es mi deseo ferviente de en cada vez que sale el sol, cuando su recuerdo amanece entre mis memorias, volver a conquistarla como cuando no era mía, enamorarla como la primera vez, ella tiene siempre la premier de mis escritos y es que cuando escribo de amor, escribo del nuestro, de nuestro romance.

 Siempre tuyo…

La Conquista

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