Etiquetas

, , , , ,

Percepciones

Ese no fue un Viernes como los demás en la oficina, definitivamente no lo fue, sobre todo por la tarde, se rumuraban cosas que no nos esperábamos, cosas que no deseábamos, una reunión dónde llamaban una a una a varias personas, una reunión que dejó como resultado tres compañeras de quienes no tuvimos siquiera el tiempo para despedirnos, el ambiente tenso se llenó de indignación al verles entregar sus puestos y retirarse con lágrimas en los ojos sin poder decir palabra alguna a quienes nos encontrábamos allí como espectadores de lo que sucedía.

Liquidaban las esperanzas y el sustento de tres mujeres y posiblemente de tres familias, pero eso no le importaba a los autores intelectuales de tales acciones, sobre todo porque el principal de ellos no tuvo al menos los pantalones de enfrentarlas y pidió a alguien más que lo hiciéra por él, el coraje me fluía del pecho sobre todo cuando recibimos un correo que confirmaba lo acontecido y nos convocaban a una reunión general donde la explicación fue que todo “obedecía a una reesctructura”. Por mucho que le de vueltas al tema en mi cabeza, no me parece lógico, sobre todo cuando hay personas en esa oficina que nada más representan un gasto para la empresa y cuyas cabezas servirían para pagarle el sueldo a 3 ó 4 personas que si trabajan arduamente, pregunté por qué no le podían decir a las personas al menos con tiempo lo que estaba por suceder, pero las excusas siguieron fluyendo y agregaron que “es política de la empresa decirles a las personas el mismo día sobre su despido”, pero claro, si uno renuncia lo tiene que hacer con 3 años de anticipación, entrenar al sustituto y adelantar el trabajo de 10 años (no es que sea literal, pero en estos momentos me herve el sarcasmo por los poros para con esas personas).

Conluída la ola de malas noticias, el tipo falto de pantalones sale de su ratonera y como si nada, empieza a bromear con sus lame botas y a reír en muestra de su falta de importancia para lo que le había hecho a nuestras compañeras. Debo admitir que muchas veces no entiendo nuestra forma de pensar y ver las cosas y nos desvaloramos vendiendo nuestro trabajo al primer aprovechado que se nos aparece, no muchas personas comparten mi filosofía, pero yo vendo mis servicios al mejor postor, no es que espere a mendigarle a alguien para que me esclavice, que si tengo comodidades o dependo de alguien más? No, me valgo por mí mismo, pero esa es la razón principal por la que me valoro y pongo precio a lo que hago y a lo que sé, no es que tenga todo lo que deseo, pero tampoco regalo mi esfuerzo por centavos, no logro procesar ni comprender cuando una persona lucha tanto y nunca se atreve a exigir lo que merece, los fuertes existen porque los débiles nunca se atreven a más, es por eso que personas como el susodicho antes mencionado simplemente se lava las manos luego de arruinar lo que otros con tanto esfuerzo han logrado, mientras no se encuentren con alguien que les haga ver que ganan su sueldo por el esmero de otros, seguirán alimentándose de nuestros logros. Todos deberíamos aprender a valorar lo que hacemos sin dejar que otros le pongan precio de centavos para luego echarnos a la calle mientras ellos están cómodamente sentados revisando los comentarios en su Facebook.

Anuncios