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Café

Él era admirado, si, admirado por todos aquellos que le veían atraer a una mujer con sólo una mirada, con una sonrisa, no necesitaba más que unos minutos para conquistar a cualquier bella dama, vivía aventuras a diario, en su cama nunca hacía falta el placer que causaba la lujuria y claro, al amanecer le esperaba el café que marcaba el inicio de su rutina.

Así de sencillo, así de fácil le resultaba tener a quien él deseara, era la vida perfecta para quienes le admiraban, pero no se daba cuenta de que cada ocasión que se aventuraba con un alma diferente, dejaba parte de si mismo incrustada en la piel de cada una de las mujeres que al llenar su cama le agrandaban el vacío del corazón…

Así pasó el tiempo, así vivió y así entregó sus años al pasado, les tuvo a todas y con ninguna se quedó, sus aventuras sólo le dejaron un rastro de cenizas del hombre que una vez fue y esperanzas rotas por el hombre que nunca logró ser.

Si tan sólo tuviéramos la determinación de sacrificar lo que deseamos por lo que necesitamos, es mejor complacer al corazón que al cuerpo, que si deseo vivir aventuras? Claro que sí!! Pero las vivo todas con la mujer que amo, esas si son aventuras!! Es ella mi perdición, es en su piel que dejo incrustada cada parte de mí. Y a la mañana, el café me espera… En su compañía…

Cafe-y-Sexo

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